Mi primera avant première de Harry Potter y el fandom

Mi primera avant première de Harry Potter y el fandom

Ayer fui por primera vez a una avant première de Harry Potter.

Y también fue mi primer encuentro real con el fandom.

Yo esperaba una fiesta.

Sinceramente, eso esperaba.

Porque no íbamos a descubrir una película. La mayoría de los que estábamos ahí ya la conocíamos. Muchos sabemos escenas, frases y hasta diálogos prácticamente de memoria.

Entonces, para mí, no se trataba de sentarnos a mirar una película más.

Se trataba de encontrarnos.

De celebrar que esa historia que significó tanto para tantas personas volvía a la pantalla. Que se abría nuevamente la posibilidad de que otros la descubrieran. Que nuevos chicos, nuevos adultos, nuevas familias pudieran encontrarse por primera vez con ese mundo que para muchos cambió mentes, sanó, acompañó e impactó profundamente en la vida y en el corazón.

Yo esperaba eso.

Una fiesta.

Esperaba que apareciera un personaje querido y la sala explotara.

Que apareciera el Expreso de Hogwarts y aplaudiéramos.

Que la llegada al castillo se celebrara.

Que esas frases que conocemos, que sentimos y que significan tanto provocaran algo.

Esperaba ruido.

Risas.

Aplausos.

Emoción.

Esperaba sentir que, por un rato, un grupo de adultos se daba permiso para jugar, imaginar, sorprenderse, emocionarse.

Para volver un poquito a la infancia.

Pero no fue exactamente lo que encontré.

Percibí (y por ahí me equivoco) un poco de vergüenza. Poca la euforia. Chiquita la reacción 😅. Ojo, yo sé que soy bastante intensa… ahora.

Y quiero ser muy cuidadosa con esto, porque que alguien permanezca sentado y en silencio no significa que no esté profundamente emocionado.

Quizás esa sea simplemente su manera de vivirlo.

Por ahí el quilombo está en mi expectativa.

¡Y los sorteos! Ahí sí que se despiertan los adultos.

Viendo quién ganó, qué ganó 🤌

Y… paradójicamente, me tocó ganar a mí.

Yo.

La nueva.

La que no pertenece al grupo de personas que frecuentan estos encuentros, lpm.

Si eso no es magia, ¿pues qué es?

¡A mí! Que vos sabés que me la paso haciendo regalos (no los que cobro, los otros). Ahora, pum:

ME TOCÓ. 😬

Fui con mi amiga, que hace cosplay de la profesora Trelawney.

Ella va a estos eventos, participa, está comprometida con el fandom. Ese mundo no era nuevo para ella como lo era para mí.

Y, sin embargo, durante toda la película sentí que estaba sentada al lado de una niña.

Celebró conmigo. Se rio. Habló durante la película —sí, hicimos cosas prohibidas—, tiró la gaseosa y hasta terminamos cuestionando juntas los puntos que le dieron a Gryffindor al final.

Jugamos.

Pero hubo un momento que me quedó especialmente en el corazón.

El sorteo era por número de butaca.

Y gané yo.

Ella estaba sentada al lado mío.

El premio, literalmente, le pasó por al lado.

Y su alegría fue inmediata.

Espontánea.

Real.

No sentí en ella un “casi me toca”. Sentí que estaba genuinamente feliz porque me había tocado a mí.

Y eso me emocionó muchísimo.

Porque quizás era justamente eso lo que yo había ido a buscar.

Esa capacidad de olvidarnos por un instante de nosotros mismos y celebrar la alegría del otro como si también fuera nuestra.

Y mientras lo pensaba aparecieron en mi cabeza ellos.

Harry. Ron. Hermione.

Pensé en la alegría por el otro. En la amistad.

Todavía hay lugares en que el otro importa más que uno mismo.

Yo había llegado a esa sala esperando encontrar la magia en una celebración enorme.

Esperaba aplausos. Gritos. Euforia. Una sala explotando ante cada aparición.

Y quizás por estar esperando verla de una determinada manera, casi no me doy cuenta.

La magia estaba ahí.

Sentada en la butaca de al lado.

Y eso también me hizo revisar mi primera impresión.

Porque quizás estaba esperando que todos sintieran como siento yo.

Esa noche, por primera vez, llegué a un lugar lleno de esas personas que durante tantos años había observado desde afuera.

Quizás por eso esperaba tanto.

Yo no había ido solamente a ver Harry Potter.

Había ido a encontrarme con las personas a las que Harry Potter también les había pasado.

Y salí con más preguntas que respuestas.

¿Qué hacemos los adultos con la magia cuando estamos rodeados de otros adultos?

¿Cuánto nos permitimos demostrar lo que sentimos?

¿Cuánto seguimos jugando cuando alguien nos mira?

¿Cuánto queda de aquel niño cuando estamos rodeados de adultos?

Quizás la magia no siempre hace ruido.

Quizás a veces explota una sala.

Y otras veces se manifiesta de una manera muchísimo más pequeña.

En alguien que se ríe.

Que juega.

Que protesta por unos puntos como si todavía pudieran cambiarse.

Que tira la gaseosa.

Y que, cuando el número ganador resulta ser el de la butaca de al lado, se alegra de verdad.

Yo pensé que iba a ser una fiesta.

Y quizás no encontré exactamente la fiesta que había imaginado.

Pero encontré algo.

Hubo magia. Y, para empezar, estaba sentada al lado mío. ✨

 

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Por Correo Argentino